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     PICASSO
 

Su estancia en Gósol

 

En la primavera de 1906 Pablo Picasso viaja a Gósol con su compañera, Fernande Olivier. El último tramo del viaje lo tienen que realizar a lomos de una mula. Llevaba consigo pocas cosas: un poco de ropa, su caballete y unas cuantas cajas llenas de pinceles y óleos.


Cuando volvió a París, en agosto del mismo año, la pareja llevaba una caravana de mulas, señal evidente de que Picasso había pintado mucho.


Pero lo más importante es que había realizado algunas de las obras más significativas del arte moderno y de las más conmovedoras de todos los tiempos: figuras de una rara intensidad, dulzor en unas muchachas suavemente tangibles y a la par inmersas en una lejanía misteriosa, muchachos envueltos en el misterio del espacio intemporal, todos juntos invadidos por un color entre ocre, carne y rosa salmón con toques de gris. Producían el efecto de un silencio arrogante y al mismo tiempo amable, una fuerte sensación de encanto que se desprendía de la tierra rocosa de aquel pueblo pirenaico, marcado por los siglos y por la clásica e intraducible belleza de la simplicidad.



La breve estancia en Gósol no sólo fue decisiva para la investigación artística de Picasso sino también para toda la evolución posterior del arte del siglo XX.


Representaba el final de una etapa de investigación y el despertar de una nueva era.


Giorgio Cortenova

Museu Picasso de Barcelona

Museo Picasso Malaga

Picasso.com

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